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jueves, 21 de enero de 2010

Sueña y Confía


Había un hermoso y frondoso árbol de apenas 200 años, sembrado tal vez por alguien que confiaba que algún día éste crecería y a alguien sombra le daría, cumpliendo un plan desconocido pero eficaz en el proyecto natural de la vida.
Permanecía erguido junto a la vera del río Destino, pequeño, pero profundo y largo tan largo que acariciaba el mar.
Este árbol regala sombra a infinidad de personas, que apoyadas en su tronco reposan después de un agotador día, o simplemente bajo su copa se realizan un familiar o amistoso pic nic, un encuentro amoroso o una acalorada discusión.
Este árbol llamado Vida tenía varias hojas amigas entre sí, compartían grandes información unas a las otras, a través de la sabiduría de las calladas raíces que sólo tomaban y del fuerte tronco que todo lo sostenía.
Una tarde… Fe, Impaciencia, Alegría, Esperanza, Tristeza, Amor, unas hermosas hojas estaban despiertas y pudieron escuchar una conversación de unos jóvenes que reposaban a los pies del árbol hablando sobre lo maravilloso que era estar en el mar, la sensación de los pies entre la arena, poder sentir la fuerza de las olas, el jugar de las gotas lanzadas por el viento sobre la rocas, la descripción fue tan interesante, que tomó toda la atención de estas simpáticas hojas.
Comenzaron a imaginar con ese día que tuvieran la oportunidad de conocer el mar, pero Pesimismo las oía y decía jamás lo conocerán, Alegría se sentía feliz con lo que era y el lugar donde estaba, Esperanza anhelaba también tener la oportunidad de sentir eso que llamaban olas, estos niños vinieron una y otra vez a disfrutar de la sombra de Vida y así poco a poco todas las hojas del árbol sabían sobre la existencia de algo llamado mar.
Un día tuvieron una fuerte discusión e Impaciencia les dijo que haría lo posible por llegar al río y éste la llevaría hacia al mar como lo dijeron los niños.
Amor le dijo que era peligroso emprender tan difícil viaje, ese mismo día llegaron a las ramas unas hermosas palomas que también conversaron y relataron hechos aún más fascinantes sobre el mar, el océano y todo eso.
Tanto, que Impaciencia quería de cualquier forma conocer, Fe le pedía a Dios que le regalara la oportunidad de ver el mar, consciente de que era hoja, Amor comentaba: - si Dios hubiese querido que nosotras conociéramos el mar nos hubiese dado alas.
Tristeza le sugirió a Impaciencia: y… ¿Si hacemos fuerza?, nos desprendemos de la rama, planeamos y así caemos al río y de allí en más Dios dirá, Fe no estaba de acuerdo pero, ¿Si eso es lo que ustedes desean? que así sea.
Impaciencia y Tristeza hicieron lo imposible por soltarse del árbol para planear hasta el río. Después de tanto intento, finalmente Impaciencia lo logró, pero el día era tan calmo que la caída fue libre hacia abajo muy lejos del río. Tristeza asustada de ver que su idea no había resultado, no se lanzó. Impaciencia cayó justo en la sombra y desde allí ahora no podía ver el sol. Tristeza se sintió muy culpable. Todo había cambiado en la Vida ahora, pero unos días después un viento fuerte llegó al lugar y fue la misma Impaciencia que pegada en el barro, gritó a sus amigas esta es la oportunidad. Fe sentía en su corazón que su amiga tenía toda la razón, Amor también lo sabía, había sida creada para ser libre, Tristeza estaba tan abatida que no quería saber nada de dejar su rama.
Todas las hojas se miraron y aquellas que creían que ese era su destino, se entregaron a Dios, esa fuerza grande convertida en viento, que con la mayor sutileza las soltó del árbol y las sopló al río. La escena fue mística, todas ellas flotando hacia el agua, sostenidas por el fuerte viento e iluminadas por el Sol, así todas llegaron al lecho del río, quien las espera feliz y orgulloso de ser él quien las transportara y las cuidara hasta llevarlas al mar.
Amor, Fe encabezaban la expedición, acompañadas de la sabia Armonía, dándoles la fuerza y las palabras justas a las más pequeñas, a Inseguridad, Timidez, Miedo, que ponían todo de de su parte para lograr flotar.
Todas las hojas que decidieron quedarse en el árbol, se balanceaban de felicidad y gritaban; - ¡Lo lograron, lo hicieron! feliz viaje, Impaciencia allí abajo cubierta de lodo gritaba feliz, - ¡Vamos amigas lleguen al mar, háganlo también por mí!.
El grupo flotaba en el río, iban felices pero asustadas, se reían y reían, las palomas en el cielo también las acompañaban……
Y como todo en la vida... muchas hojas llegaron al mar, unas... y otras…. pero todas hicieron lo que sintieron, en el momento justo en que Dios se los ofreció.
Adriana  Fresta 

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